Papá, ¿por qué yo no?

Me pregunta mi hija de 9 años ¿Por qué soy la única de clase sin teléfono móvil?. Obviamente sé que no es la única de clase sin teléfono móvil, pero la pregunta de por sí “ya tiene miga”.

La competencia entre unos y otros y el afán de integrarse en el grupo hacen percibir como una distinción, un elemento distintivo del grupo, indicativo de haber alcanzado “un nuevo status” al haber conseguido un móvil, incluso los que carecen de él pueden ser excluidos del grupo. Lo que en principio debería de conseguirse cuando convergen tres circunstancias (responsabilidad para usar el móvil, conocimiento de esta tecnología y la necesidad de usarlo) se alcanza sólo debido a un factor que nada tiene que ver con su utilidad: “marca de grupo”, dejando al margen la inmadurez del niño para conocer los riesgos al usar este instrumento, el desconocimiento de la tecnología y por consiguiente cómo abordar los problemas que se le plantean al usarlo y los errores en la toma de decisiones que impliquen la gestión del móvil y la absoluta falta de necesidad que lo convierten en un juguete. Se deduce de lo antedicho que los jóvenes con baja autoestima tienen más riesgo de realizar un uso incorrecto del móvil.

Pues, amigos, si conocemos esto no caigamos en el error de consentirlo a la primera. Dado que es un elemento integrador, antes o después tendremos que entregárselo. Lo importante en este caso es que el menor entienda su parte de responsabilidad y que el teléfono en su caso debe de ser una herramienta, principalmente, para tener a los hijos localizados y utilizarlo en situaciones de urgencia y después, se ha de ir pasando responsabilidad al niño para que sirva de medio de comunicación con el grupo.